Son sólo quince días




Son solo quince días lo que recuerda la gente de los acontecimientos políticos. Y otros quince la perspectiva de futuro que tiene, esperando con ansia la llegada de tiempo «libre» —libre entre comillas—. Vivir el momento presos de la inmediatez (triste carpe diem), obligados a consumir productos nocivos para además ser señalados por ello en las ciudades de quince minutos. Rememorando estas inocentes palabras (eran «sólo quince días» hasta tener la solución y a los tres meses de tenerla anunciar la compra de 4 dosis más por cabeza) reverberadas en personas de cortad edad mental durante el experimento social que lideró la fortaleza anglosajona y en concreto la fortaleza de David —o quizás de Goliat— en el Estado sionista de Israel, se aprecia el aprovechamiento de conocimientos científicos (en tiempos de guerra es cuando más avanza la tecnología y menos el aspecto social, y estamos tan en guerra como hace dos mil años) para la manipulación mediática y, sin separación de poderes, también política. Conociendo a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen (la biología, la neurobiología y la psicología aplicada son controladas por las Iglesias y sus cientos de lobbies y oenegés), son manejados a su antojo. Son sólo quince días y «es mejor eso que morirse», contradiciendo al mismísimo Ernesto Guevara estampado ya en camisetas sobre fondo arcoíris.

  La política es cuándo tomar una decisión (y cuándo dejar de tomarla), con las ideologías estancadas ya no en las filosofías reinantes en la Palestina de Jesús de Galilea, sino en el reino chiquitito pero matón de Israel, el de los míticos tiempos de David y Goliat solo que el gigante constatamos hoy que es David y no el filisteo Goliat. David o Mesías extranjero que no habita en Palestina ni habla arameo ni tampoco hebreo fuera de la sinagoga. Ya el imperio romano mostró su inclinación hacia la observancia de los templos judíos siendo los únicos collegia permitidos por Cayo Julio ‘César’. Instituciones de ámbito particular (los colegios, literalmente juntos por la ley) que suplementan al Estado en la sociedad civil para extender tentáculos clientelares en el marco familiar y laboral a cambio de protección o amicitia (amistad). Protección que será reconstruida en los feudos germánicos a la caída del antiguo imperio; las veces que haga falta según el Nuevo Testamento. Si el negacionismo era la negación de la existencia de campos de exterminio (que ya los había con Franco y el franquismo es anterior a Franco), el negacionismo hoy es negarse a aplaudir los bombardeos con fósforo blanco en el campo de concentración que es la Franja de Gaza. Escuchando ahora de parte sionista que los palestinos son seres inferiores y que Hamás es ISIS (o DAESH o cualquier otra franquicia que no podría operar fácilmente desde la nueva seguridad nacional surgida tras el 11-S de 2001 y el 11-M de 2020), ¿no llama la atención que no les dejaran sin «vacunas» o solución de emergencia? ¿No hubiera bastado con no vacunar para despoblar la franja de Gaza? La aparición y constatación de la existencia de campos de exterminio es la que habilita especialmente a la acepción del término «negacionismo». Pues bien, Netanyahu, y sospecho que Goebbels también lo habría hecho en Nuremberg de no suicidarse, niega que Hitler quisiera deshacerse de los judíos (amén de comunistas y otros apátridas, cristianos inclusos, como hoy los armenios en zona reivindicada por Erdogán) y lo achaca a influencia musulmana en última instancia. Tras la reciente acción de Hamás (organización política favorecida por el partido de Netanyahu para debilitación de la OLP de Yassir Arafat), la respuesta consentida a los habitantes (la mitad niños) por la comunidad internacional o imperio de mentira, sería una batucada perreando. Organización hoy equiparada al Estado islámico por el primer primo ministro en jeringarse públicamente, antes que la plebe. Estado islámico con el que se retroalimentaría el Estado judío y los Estados que concuerdan con el Estado vaticano.

  EE. UU., Israel, Japón y la Commonwelth británica (desde Londres a Canberra y Wellington pasando por Ottawa, riqueza ajena a la UE desde el Brexit), y no el eje franco-alemán, están siendo los beneficiarios junto a Marruecos de escalar el conflicto en Palestina y en el Telón de Acero en general. Y son los beneficiarios gracias al poder económico de las minorías de cada Estado, las oligarquías. Una amenaza para Europa y no tanto para los Von der Leyen, los Borrell, los Lagarde o los De Guindos, en los candados español, italiano, griego y turco (el Kurdistán abarca además a Siria, Irán e Iraq). Y también en los candados polaco y ucranio hacia el este de Europa, frente a Bielorrusia y Rusia (que ha tomado posiciones llegando hasta el Dniéper). Las fuerzas armadas alemanas (la Bundeswehr que sustituye a la Wehrmacht) constituirán el mayor ejército de Europa en los próximos años, una vez eximida la República Federal de Alemania de las limitaciones tras la II Guerra Mundial. Alemania acoge a millón y medio de kurdos en su diáspora, no semitas en el territorio de Sem de mayoría musulmana aunque también con judíos y cristianos sin Estado propio. Arabia masacrando a los yemenís y premiando a nuestros monarcas mientras envían fragatas como las destinadas al sostenimiento del Estado judío en el Mediterráneo oriental y en el cuerno de África que da acceso al mar Rojo (Operación «Atalanta» dentro del programa mundial de alimentación de la ONU de William Henry Gates III, el terrateniente-granjero comprador de patentes y filántropo profesional). Marruecos y Turquía clamando por el Lebensraum expansionista. En Italia gobierna Meloni. En España se repiten elecciones si así lo desea el soberanismo catalán, católico y practicante. Y Netanyahu jactándose en Twitter de atacar espacios civiles con munición prohibida, y es que ellos sólo responden ante Jeová. Así que los talibanes con micro de Atresmierda (imagino que igual que en Mierdaset donde también hay trabajos de mierda para aprendices de Goebbels), en este caso de la secta sedicente de izquierdas, se han visto obligados a trolear la verdad anunciando que el derecho internacional ampara el bombardeo a Hamás en escuelas y hospitales de Gaza, justo lo contrario que venían diciendo sobre el batallón Azov en Donetsk (Rusia ya), cuando el trato fue exquisito dado el vínculo soviético y tratándose de una guerra civil que ha durado demasiado tiempo.

  ¿Demasiado burdo? Pues claro, pero es que la nueva normalidad no es otra cosa que la vieja sumisión. Hace tan sólo quince días no sabíamos de Hamás y, sin embargo, hoy es el mal que encarnaba Putin. Y como los monoteístas únicamente observan un demonio o mal, Zelensky se teme que Occidente le deje de mandar dinero para sus vicios (vicios dado que no era necesario en absoluto su mandato movido por foros plutocráticos). La política es cuándo catalogar a un colectivo como ilegal o a una organización como terrorista, ya sea el Partido Comunista en Ucrania, Hamás en Palestina o el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, cuyo líder está preso en Turquía por «traición» y «separatismo». El PKK turco es una de esas organizaciones terroristas según cuándo y para quién, con la que se solidarizaba Abascal cuando cambiaron marxismo por el imprescindible ecologismo y emergió Vox presentando candidatura a las elecciones europeas (ilegalmente si recibes dinero para las campañas y fiestas de la democracia desde fuera de la UE). No importaba entonces que ganaran, importaba que el credo nazi, no sin yihad, guerra santa o movimiento de superación nacional, fuera considerado ideología legítima alterando con ello la media ponderada de la legalidad que es la «equidistancia». La política por otras vías, la dictadura dogmática en la que el agresor dice que no queda otro remedio y el equidistante dice que es mejor seguir colaborando —en esta absurda derrota sin final.

  Las próximas primaveras mediterráneas (o revoluciones de colores y dudosa bandera) deberían ser paganas en lugar de árabes. Toda vez que se confederan los credos abrahámicos (judío, cristiano y musulmán), del lado de la monarquía más antigua del mundo (la sintoísta del Sol Naciente que abraza a cualquier cosa como Dios, p. ej. la internet de las cosas) y en el contexto además de una «Globalización» con una agenda establecida —y promocionada hasta producir arcadas—, la revolución pasa a ser una lucha de paganos o paganinis de la juerga de las ideologías confederadas, contra los gentiles que mandan cada uno en su Santa Tierra, con claros objetivos compartidos como el de mantener el poder de la clase sacerdotal. Históricamente, los dogmas que se han impuesto en cada ubicación han sido los dogmas de quien ponía más dinero y más tecnología bélica sobre la mesa. Para hablar de democracia en cualquier país, se debería antes revertir el sentido de la marcha y prohibir la existencia de democracias religiosas (católica, anglicana, judía, sunita, chií, etc.). Lo cual no significa discriminar a la creencia, sino poner a la creencia en su sitio para que no discrimine a ningún ciudadano. Establecer definitivamente el Estado laico en todo el Globo, sin ubicar a la creencia fuera de los Estados no hay globalización posible. No puede haber uniformidad jurídica, por ejemplo. O uniformidad fiscal con paraísos fiscales que, al igual que con las organizaciones consideradas ilegales según cuándo y por tratarse de un arma defensiva de los jefes y funcionarios de primer nivel del Estado, pueden ser deslocalizados. El llamado desarrollo sostenible se ha demostrado insostenible.