Too big to fail

Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos | CCA 2.0 Generic



«Desde hace décadas [España] ha estado en el lado correcto de la historia, defendiendo la democracia y una economía abierta. El Cercle [d’Economia de Barcelona] siempre ha trabajado para llevar a España a donde pertenece, en el centro de una Europa fuerte y unida, y hoy España está en el corazón de Europa. Has estado entre los más afectados por la pandemia y sin embargo hoy tu recuperación tiene bases sólidas. Eres líder global en energía limpia, una economía dinámica e innovadora, y siempre has sido una partidaria vocal de los últimos pasos de la integración europea. España es hoy motor de la Unión. Este es un momento definitorio para Europa y para nuestro futuro.». (Ursula von der Leyen en presencia de Felipe Bourbon, 6 de mayo de 2022 en Barcelona)

«Toda la UE ayudó a España en el Covid y ahora tenemos que estar juntos en el gasto militar». (Kaja Kallas, sucesora de Josep Borrell como alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, 31 de marzo de 2025)


España es hoy, según Von der Leyen, motor de «la Unión» que nace a la finalización de la II Guerra Mundial por planificación militar estadounidense, y no en 1945 y hasta la resolución de «la cuestión española» con el ingreso en la ONU en 1955 (dos años antes España recuperó el Concordato con la Santa Sede que socialistas y liberales habían derogado con la II República, España volvió a ser católica). Mirlo blanco en Europa por su rareza democrática (único Estado donde salió victorioso el fascismo) y su apertura económica hacia Latinoamérica (menguante pastel para los intereses latinos), siglos antes y motivo por el que Louis XIV (Maison de Bourbon, los de París bien vale una misa) postuló a su nieto Philippe d’Anjou como ilegítimo heredero de la monarquía católica frente a los Habsburgo que contaban a su favor con la preferencia sucesoria hasta intervención papal en el lecho de muerte de Carlos II el Hechizado. Un motor que no puede ser en lo económico por el incumpliemiento fiscal, la deuda pública crónica (por cargos de la privada) y la prima de riesgo con respecto a las potencias del eje de la CECA (derrotadas en la II G. M. y tuteladas por USA, que da cobijo a la tecnología nazi) y sí en lo social como aventajada cobaya de experimentación que es la Cristiandad, y en especial su facción católica.

  Los subeuropeos, obedeciendo a las encuestas que preceden a sus intenciones, volverán a poner la mejilla para el «rearme» primero dinerario que sigue a las inyecciones previas para recuperación de una crisis/estafa procurada por un virus (la covid no era como una gripe pero la gripe ya es como una covid por suerte para el Big Pharma que abre o cierra fábricas o escuelas a su antojo), que posibilitó la reconstrucción o transformación de los modelos nacionales de salud, enseñanza y pensiones, manteniendo la esencia clasista, con transiciones que consideran «justas». Hoy hemos sabido que la subvención del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de casi un millón de euros a una empresa nacida en 2022 con el capital inicial mínimo, se ha traducido en cinco trabajadores fallecidos en la mina de Cerredo (Asturias). «Los tenían trabajando en una ratonera», han lamentado los familiares. ¿Qué podía salir mal? Quince días después de la declaración plandémica que exoneraba al sector privado de toda responsabilidad, la situación de la economía española era «la más grave desde la Guerra Civil» según el gerente económico y vicepresidente del BCE, Luis de Guindos (quebrador de la franquicia europea de Lehman Brothers en su momento y por ello premiado con una silla poltrona en Frankfurt). También quince días después tenían la solución económica y la vacunal, que pasaban por volver a rescatar a los Estados no soberanos. La incidencia de las «ayudas» Next Generation a los Estados no se correspondió con la incidencia vírica en las naciones.

  Desde entonces somos motor de la Unión en clericalismo (infancias trans incluidas), militarización de lo civil (furia trans incluida) y en resiliencia del patriciado (Irene de Atenas, marioneta de las Iglesias, incluida) por cuestión ideológica, juntos de la mano con los Estados polaco y ucraniano, emperrada la Unión en que el régimen de Kyiv en Ucrania y el de Idlib en Siria sean «de los nuestros». Este último régimen, el de los verdaderos musulmanes polígamos que obligan a cubrirse a las mujeres, ha quedado exonerado de las sanciones al anterior Estado de la rama musulmana alauita (rama que respetaba a otras religiones según el artículo 3 de su Constitución de 2012). Se ve que asesinando a decenas de miles de sirios, separando la cizaña del trigo, ya no procedían las sanciones. A la inoculación de «fondos europeos para la paz» (en bucle hasta el último ucraniano y el último musulmán transigentes) y de «préstamos en condiciones muy favorables» de 2012 y 2020 se suma el «salto tecnológico para reforzar la autonomía estratégica» (le gusta más a nuestro primo ministro que «rearme») de doble aplicación, militar y civil, conformando «la dirección correcta» para los intereses de la oligarquía (el confesional Estado en nuestro caso). Cada mandato, cada lustrum, el imperio de mentira que no se había planteado hasta hoy tener un ejército propio, se chuta un billón de euros.

  Paralelo al resurgir banderista en Ucrania que habilita a Putin para hablar de desnazificación del territorio, corre el revival franquista en España, agudizado en nuestra península desde el proceso de españolización en lo importante del condado catalán. El Vaticano fijó la jefatura estatal de Franco en 1938, el episcopado español lo hizo en 1937, mientras que el Consejo General del Poder Judicial del aforado rey Huido, vigente en funciones hasta hace unos meses, lo hizo directamente en 1936 —¿alguien da más?—, dejando Franco de ser golpista de un plumazo (golpismo trasladado a los catalanes) y Azaña de ser presidente. Y, por ende, dejando el Estado español de haber abjurado del catolicismo, del clericalismo y del militarismo que nuestro macrocefálico ejército siempre ve peligrar, en 1931 y cinco décadas después, en 1981. Eso nunca sucedió en la mente del endogámico poder estatal que viste puñetas y decora con crucifijos, familia de militares y obispos. Los herederos de los principios del Movimiento, hoy plural, como se identifican ellos. El nacionalcatolicismo era demasiado jugoso como para deponerlo en 1945, consideraba en la ciudad alemana de Potsdam la naciente inteligencia otanista en contra de lo que opinaba Iósif Stalin y que adjunto a continuación. Los intereses de los Estados dejan de coincidir con los valores europeos cuando España deja de ser católica (didáctica de los hechos con la no-intervención en la cuestión española). He aquí la verdadera cuestión española, la identidad de un Estado perpetuamente contrarreformista e involucionista. Too big to fail en la lengua imperante en nuestro continente.

«¿Es decir, que no habrá cambios en España? España está ganando fuerza ya. Se está alimentando de regímenes semifascistas de otros países (Argentina, Brasil, Portugal…). Esto no es un asunto interno. El régimen de Franco fue impuesto a los españoles por Hitler y Mussolini, cuyos regímenes a su vez estaban en proceso de destrucción […] No estoy proponiendo ninguna intervención militar, ni que desencadenemos una guerra civil en España. Deseo solamente que el pueblo español sepa que nosotros, los dirigentes de la Europa democrática, adoptamos una actitud negativa respecto al régimen de Franco […] Lo que importa no es la División Azul, sino el hecho de que el régimen de Franco es una amenaza grave para Europa. Esto debería tenerse en cuenta. Por eso creo que deberían tomarse algunas decisiones, incluso si eso significa romper las relaciones diplomáticas. Creo que debemos hacer algo contra ese régimen. Podemos encontrar otros medios. Solo tenemos que decir que no simpatizamos con el régimen de Franco y que consideramos justa la exigencia de democracia por parte del pueblo español. Solo tenemos que indicarlo y no quedará nada del régimen de Franco, se lo aseguro. Propongo que nuestros ministros de Asuntos Exteriores debatan si puede encontrarse otra forma más suave o flexible para hacer patente que las grandes potencias no apoyan a Franco y a su gobierno.».