Gürtel 11 – 0 Garzón

Robert Capa © International Center of Photography

Ese es el balance que ha arrojado el enfrentamiento en el Tribunal Supremo, de la trama vinculada al Partido Popular denominada Gürtel (correa, en alemán), y el juez Baltasar Garzón. 11 años de inhabilitación para Garzón -además de una multa y las costas del proceso- es lo que han conseguido los colaboradores durante años en campañas, actos y proyectos de los que ahora nos gobiernan. Mientras tanto, dos de los tres cabecillas de la trama ya se encuentran en la calle tras abonar las fianzas rebajadas a un total de 140.000 euros.

El encausamiento a Garzón, fundamentado en la intervención de las conversaciones de los tres cabecillas, Francisco Correa, Pablo Crespo y Antoine Sánchez mientras se encontraban en prisión -no es habitual cuestionarla cuando se quiere prevenir que se esfumen rastros delictivos-, ha concluido con una sentencia de 68 folios en la que, según los entendidos, en ningún momento se dice cuál es el daño producido en el derecho de defensa, y que pone de manifiesto lo que el mismo Garzón ya vaticinó hace meses cuando se refirió al juicio con alusiones como «condena predeterminada» o «sentencia anunciada». Y es que el triple encausamiento al ex-magistrado, no parece ser casualidad, siendo más que sospechosa la presencia de los jueces Manuel Marchena y Luciano Varela, que se han significado como instructores de los otros dos procesos contra Garzón.

En lo que se refiere al trabajo de Garzón durante todos estos años, cabe destacar su determinación en la lucha contra el crimen y la delincuencia en todos sus rostros, siendo pionero en actuar contra el entorno de ETA, en desarticular grandes tramas del narcotráfico y en aplicar el principio de justicia universal para investigar crímenes de regímenes dictatoriales, consiguiendo desquiciar a terroristas, narcotraficantes, dictadores, al PP ahora, y en su momento al PSOE con el caso de los GAL.

Con la investigación del caso Gürtel, ha logrado sacar de la política a una veintena de dirigentes del Partido Popular que participaron en el saqueo de fondos públicos. Lamentablemente no le dejan llegar más lejos, y tendremos que esperar para saber qué ocurre con la posible financiación irregular del Partido Popular de la Comunidad de Madrid, de la Comunidad Valenciana, de Galicia, de Castilla y León y del Partido Popular nacional, con nombres ilustres asomando como el del yerno de José María Aznar, Alejandro Agag.

Es evidente que Garzón no deja indiferente a nadie, suscitando pasiones en los que se sienten discriminados y enardeciendo los ánimos de quienes aprueban, aplauden o conviven con la corrupción. En cualquier caso, continúa rompiendo moldes, y a su carrera hay que añadir ahora un nuevo hito, el de ser el primer juez condenado por ordenar intervenir unas comunicaciones. Paradójicamente, la verdad aparece ahora por sí misma cuando se da a entender que los acusados ven neutralizada toda posibilidad de defensa con confesiones autoincriminatorias, cuando precisamente Garzón dispuso una cláusula en la que se decía que las comunicaciones con los abogados defensores no podrían ser utilizadas, ni tenidas en cuenta.